“LA LEYENDA DE DOUGLAS FIR”
(Douglas Fir Y El Espiritu De La Navidad)
Autora, Suzanna Susquehanna Copyright, 1995, Susan Arratia, Publisher
Hace mucho, mucho tiempo, era una noche cálida de verano. Las estrellas centillaban y una luna llena brillaba, mientras el trineo brillante de Santa, lo cual jalaban 8 renos venaditos (y también Rodolfo) brillaba a través del cielo. Volaron sobre los altos pinos, muy alto sobre las montañas y sobre lo más denso del Bosque Nacional. Santa iba de regreso al Polo Norte para preparar todo para la Navidad. Él había viajado por todo el mundo recogiendo materiales; su trineo estaba lleno hasta arriba con madera y papel y plástico y pintura y muchas otras cosas para hacer juguetes.
Mientras el trineo volaba sobre las copas de los árboles, Santa miró hacia abajo y parpadeó. Nada más UN parpadeo mágico del ojo de Santa fue a caer abajo en el bosque dentro de un cono de pino en un Gran Árbol de Pino.
Un tiempo después de que Santa se había ido, ese cono de pino especial cayó al suelo. Solamente UNA semilla de ese cono comenzó a crecer en un árbol pequenito.
Creció y creció por unos 9 años, pero todavía no estaba muy grande porque se tarda unos 200 años para que una semilla crezca hasta ser un Gran Árbol de Pino.
Un día el pequeño árbol de pino llamó hacia arriba al Gran Árbol de Pino.
“Oye, allá arriba!...Oye!......¡¿Cuál es tu nombre?!”
“Vaya, por fin aprendiste a hablar”, dijo una voz muy gruesa. “Mi nombre es Padre Fir!”
“Yo te he estado llamando por años, pero eres tan alto y yo he sido tan pequeño, éste es el primer año que me has oído,” gritó el arbolito. “¿Cuál es mi nombre, Padre Fir?” le preguntó el arbolito.
“Pues, tu nombre es Douglas…Douglas Fir, y tú eres mi hijo” Padre Fir dijo orgullosamente.
“Douglas,” dijo Douglas, nada más para probarlo. “Suena muy bien. Pero Padre Fir, yo no veo ningún otro arbolito alrededor. Estoy bien solo aquí abajo.”
Aunque el Padre Fir estaba mucho más alto, él podía ver que Douglas estaba sintiéndose muy triste. Tardaría mucho más tiempo para crecer y poder ser un Pino Grande, y así poder estar con los pinos más viejos. Tratando de animar a Douglas, le dijo, “Ahora que ya por fin te puedo oír, estaremos hablando mucho más seguido. Ahora sé que vamos a divertirnos.”
“Está bien,” contestó Douglas todavía gritando. “Pero tengo una pregunta más: ¿Soy yo un Árbol de Navidad?”
“¡¿QUE?!” Tronó la voz de Padre Fir. El Padre Fir estaba tan preocupado que sus brazos empezaron a crujir y a temblar. Parecía saber algo que Douglas no sabía. “¿Cómo es que sabes tú sobre Árboles de Navidad?” le preguntó nerviosamente.
Douglas tenía que seguir gritando. “A veces vienen niños a caminar por el bosque. Yo los oigo decir que Santa vendrá muy pronto. ¡Cantan canciones muy hermosas de un Árbol de Navidad y de Rodolfo y cascabeles! Hay un sentimiento muy especial todo alrededor. ¡Lo llaman el Espíritu de Navidad! Pero ni siquiera se fijan en mí,” dijo él, tristemente. “Nada más siguen caminando.”
Padre Fir extendió sus brazos más bajos para acariciar los brazos más altos de Douglas, alentándolo. Con una risa nerviosa Padre Fir le dijo, “Mira, mira Douglas, trata de estar felíz. Esas historias nada más son cuentos. Nada más disfrutemos de los hermosos días y noches. Vamos a disfrutar el estar fuertes y saludables y al aire libre. Olvídate de esas historias necias.”
Douglas respiró hondamente y gritó nuevamente. “Oh no, ¡yo sé que lo que han dicho es la verdad! Yo he visto a Santa volar con su trineo y sus venados cuando el tiempo está aún cálido, el trineo está lleno de herramientas y de abastecimientos. Cuando el tiempo se pone frío el trineo está lleno de juguetes y por eso es que los niños dicen que esperan con ansia la Navidad! Santa prepara juguetes y los pone debajo del hermoso y brillante Árbol de Navidad para todos los niños!”
Con una voz frustrada Padre Fir le dijo, “Tú no eres un Árbol de Navidad, Douglas Fir, y ¡eso es todo!”
Con un suspiro, y tratando de no llorar, Douglas dijo con una voz suave “Pero yo sí vi a Santa. Las historias deben ser ciertas. Yo quisiera poder ser un Árbol de Navidad, luego cuando los niños regresen se van a fijar en mí y no me sentiré triste.”
“Habla!” dijo Padre Fir, “¡no te puedo oír!”
Douglas controló sus sollozos y gritó,
“¡YO DESEO PODER SER UN ÁRBOL DE NAVIDAD!”
“No!” dijo Padre Fir muy firmamente, y luego le dijo la terrible verdad; “¡No puedes ser un Árbol de Navidad!! Para poder ser un Árbol de Navidad te tendrían que cortar!” ¡Douglas estuvo asombrado! “¡¿CORTARME DEL SUELO?!”
¡Qué sorpresa tan desagradable! Él solo tenía 9 años, pero él sabía que si lo cortaran él moriría!
Pronto, Padre Fir dijo, “No te preocupes hijo. Aquí todos estamos a salvo en el Bosque Nacional. Es contra la ley cortar árboles y llevárselos. Eso te levantará el ánimo. Aquí estamos protegidos para poder crecer altos, para que todos nos puedan ver y disfrutar, y para que los animales tengan un hogar seguro.
Douglas pensó en eso. Él quería estar seguro y crecer alto en la Bosque Nacional como Padre Fir. Pero ahora ya sabía que no podía compartir la alegría de Navidad con los niños. No había otra cosa que el podía hacer, y eso lo puso triste………y enojado.
Pasaron muchos días. Douglas todavía estaba enojado y pensaba en que se sentía solo. Padre Fir también estaba triste porque Douglas no quería hablar más con él. El invierno ya llegaba y el tiempo se ponía más y más frío. Pronto empezó a caer la nieve y el viento soplaba a través del bosque.
Mientras el viento soplaba a través de los brazos de Douglas, el pensó que podía oír el leve y lejano sonido de los cascabeles.
Se puso a buscar alrededor. “¡Padre Fir!” gritó Douglas, “¡Mira allá! ¡Qué luces más hermosas! ¡¿Puede ser Santa lo que veo brillar allá?!”
Douglas miró hacia al norte y vio las Luces del Norte.
Padre Fir miró hacia el norte y mirando de soslayo dijo “No veo nada.” Luego con sorpresa en su voz dijo, “¡Espera!…”
“¡…Yo puedo ver a Santa allá!” Padre Fir se rió de una manera fuerte. “¡Parece que después de todo tú tenías razón, Douglas!”
“¡Vaya, hay un sentido de regocijo alrededor!” dijo Douglas. “¡Me siento igual como cuando los niños estuvieron aquí! ¡Me siento bien de nuevo!”
Padre Fir rió otra vez. “¡Ése es el Espíritu,hijo!¡ Debes estar sintiendo el Espíritu de Navidad!”
Y eso es lo que era. ¡Douglas estaba tan lleno del Espíritu de Navidad que sus ojos brillaban! Luego de pronto, ¡él empezó a brillar!
“UPA!” dijo Padre Fir.
“UPA!” dijo Douglas.
En ese momento Santa pasó volando en lo alto, en su trineo, dejó caer una pequeña bolsa roja llena de juguetes, y cayó sobre la brillante nieve bajo los brazos brillantes de Douglas.
“¡Ahora sí me podrán ver los niños cuando vengan, Padre Fir!” gritó Douglas.
Douglas Fir centelleó y centelleó.
Y el eco de la risa de Padre Fir se podía oír por todo el bosque.
Y Santa siguió su camino.
Douglas no podía cambiar las circunstancias, pero el sentir el verdadero Espíritu de Navidad le hizo cambiar su actitud, y le dio esperanza y felicidad.
Ahora cada año en la Temporada de Navidad Douglas empieza a brillar y espera que los niños lo encuentren.
Así que la próxima vez que camines dentro muy dentro del Bosque Nacional en la Temporada de Navidad, escucha por el sonido de cascabeles y risa, y busca el resplandor. Pero solamente si en realidad sientes el Espíritu de Navidad podrás encontrar a Douglas Fir.
Copyright, 1995, Susan Arratia
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